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Cuerpo de Bomberos de Rancagua despidió con máximos honores al Director Honorario Don Hugo Jerez Hurtado. (Q.E.P.D.)

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Don Hugo fue voluntario activo hasta sus últimos días en la Segunda Compañía de Rancagua

Como un gran hombre, amigo y un hermano mayor, así lo describen quienes conocieron a don Hugo, quien entregó parte de su vida a la labor Bomberil al igual que su padre, Hugo Jerez y su tío Oscar Jerez, quienes como él, fueron parte fundamental en la Segunda Compañía “Bomba Rancagua”.

Don Hugo o el “Chino Jerez” como le decían sus pares, fue una persona muy humilde. Le gustaba compartir con los jóvenes, un hombre muy responsable y comprometido. Se destacó por enseñar y compartir sus conocimientos con los demás. Creó una máquina para embarrilar las mangueras lo que fue un gran hito para la época. Fue siempre  activo y colaborador con su Compañía, incluso en su labor como Secretario de la Unidad. Colaboró fuertemente en la decisión de elegir el nuevo color azul para el camión aljibes.

Fue una persona muy dedicada a la Compañía y sus pares, fue un bombero más, a pesar de todas sus distinciones, amaba su guerrera azul, tenía un conocimiento amplio no sólo de los bomberos de su ciudad sino que además manejaba las tendencias de otros países. Era grato conversar con él y nutrirse de su amplio conocimiento, siempre con su humildad ante todo. Este año recibió premio por 50 años dedicados a la Institución bomberil.

En representación de la Familia, su hija Patricia Jerez, señaló sentirse muy dolida por la pérdida de su padre, quien era su mano derecha; “mi padre fue muy entregado, dio toda su vida a la Compañía y a sus 86 años, seguía participando como Secretario. Su amor por la “Segunda” será el legado que dejará a todas las generaciones y espero que lo recuerden así”.

De esta forma, un gran héroe fue despedido por las diferentes Compañías, y como la tradición lo dicta, fue acompañado en una emotiva caravana rumbo el panteón de Bomberos en el Cementerio N°1 de Alameda, en la capital Regional. La ruta se llevó a cabo desde lo que fue su casa Bomberil, en Avenida Viña del Mar – Cuartel de la Segunda Compañía, para tomar luego las calles O’Carrol, San Martín hacia Alameda Bernardo O´Higgins, finalizando en las puertas del Camposanto, acompañados de la Banda de Guerra de la Municipalidad de Requínoa. Desde ahí, se realizaron los últimos honores y discursos de despedida, rescatando aquellas palabras del Vicesuperintendente del Cuerpo de Bomberos don Juan Hormazábal Navarrete: Don Hugo fue la segunda antigüedad en su Segunda Compañía, así lo acredita su Hoja de Servicio. Creo que en un proceso lógico, nos hace pensar no ya en nuestras propias antigüedades, sino en nuestra edad física y eso nos hace valorar aún mejor lo que las cifras de años de servicios significan, ya que excede de sobra todo lo que humanamente puede exigirse a un hombre. Sólo se podría entender tamaño amor por su Institución, quizás, si nos atenemos a otra frase bíblica que dice: “Dónde Está Tu Corazón, Está Tu Tesoro”.

En el silencio de la fría noche, se hace ingreso al camposanto con los restos de don Hugo, con un emotivo llanto de las sirenas de cada Compañía y sus carros de bomberos anunciando la partida de un cófrade. De esta forma, las puertas de la Cripta de Bomberos se cerraban recibiendo con honores a un héroe del fuego, quien fue un bombero,  un soldado, siempre presto a combatir al enemigo, pero un soldado que en vez de destruir y de morir matando vidas, da su vida si es necesario  por salvar vidas y hogares.